La Estrella de Mar y el Faro de Oro: los premios argentinos del año 2000

La Estrella de Mar y el Faro de Oro: los premios argentinos del año 2000


Hay una fotografía mental que en el Circo Raluy Histórico seguimos compartiendo cuando alguien pregunta por la aventura más lejana de la casa: treinta y dos carromatos de madera, pintados a mano y cargados de historia europea, bajados de un barco en el puerto de Buenos Aires. Corría el final de 1999. Unas semanas después, en enero de 2000, aquella travesía se había convertido en dos premios argentinos: la Estrella de Mar de Mar del Plata y el Premio Nacional Faro de Oro.

Una conversación en las Ferias de Girona

La gira no nació de un plan de expansión ni de un estudio de mercado. Nació de una conversación. En octubre de 1999, durante la primera participación del entonces Circo Museo Raluy en las Ferias de Girona, Carlos Raluy retomó el contacto con su primo Sergio Rodríguez Raluy, tenor residente en Buenos Aires. De aquel reencuentro salió una idea que en cualquier otra compañía habría quedado en sobremesa: cruzar el Atlántico con el circo entero. Carlos, fiel a la frase que repetía cada vez que alguien le decía que algo era imposible —«lo más difícil todavía»—, la puso en marcha.

Cruzar el Atlántico con un circo de carromatos no es cruzar el Atlántico con un espectáculo. Es mover un pueblo. La compañía embarcó su patrimonio rodante en Barcelona con destino a Buenos Aires y desplegó la carpa en Mar del Plata, en el predio de la avenida Martínez de Hoz con Juan B. Justo. El diario La Nación cubrió la llegada el 26 de enero de 2000 y dejó constancia de las cifras: cincuenta artistas y técnicos de nueve países distintos y una compañía que, según el propio periódico, no tenía precedente en América Latina. Para el público argentino, aquello no era una función más de la temporada de verano: era una experiencia que no se había visto antes en el país.

Qué es la Estrella de Mar

Conviene explicar el peso de lo que ocurrió después, porque fuera de Argentina el nombre del galardón dice poco. Los premios Estrella de Mar nacieron por iniciativa de la Dirección Municipal de Turismo de Mar del Plata —hoy Ente Municipal de Turismo—, que a principios de los años setenta constató que el teatro, el café concert y el circo movían en la ciudad tanto público como el casino. La primera entrega se celebró en 1975, y desde entonces distinguen cada año lo mejor de la temporada estival marplatense. Y la temporada de Mar del Plata no es una programación local cualquiera: es el gran escaparate del espectáculo argentino, el lugar donde se concentra en pocas semanas la oferta teatral y musical de todo el país. Recibir una Estrella de Mar significa haber destacado precisamente ahí, en el verano más competitivo del continente.

El segundo reconocimiento de aquel año llegó desde otro registro. El Premio Nacional Faro de Oro, instituido en Mar del Plata en 1992, distingue a figuras y programas del mundo de los medios, la cultura y el espectáculo. Que una compañía circense europea, recién desembarcada y sin un solo apellido conocido para el público argentino, entrara en las dos listas en la misma temporada da la medida de lo que se estaba viviendo bajo aquella carpa.

Lo que la gira dejó en casa

La crítica argentina celebró la llegada de un circo europeo de auténtica categoría artística, y la compañía prolongó su recorrido por otras ciudades del país a lo largo de todo el año 2000. Pero el efecto más duradero no fue el aplauso de allí, sino lo que la gira cambió aquí. El circo volvió a Cataluña convencido de algo que hasta entonces era una intuición: que aquellos carromatos, aquella carpa redonda de terciopelo rojo y aquel repertorio de acróbatas, equilibristas y payasos no eran solo un espectáculo, sino un patrimonio vivo que valía la pena conservar y mostrar. La idea de circo-museo que define la casa hasta hoy se consolidó en aquel viaje.

Estos dos premios argentinos ocupan un lugar particular dentro de el conjunto de premios del circo: son los únicos que llegaron desde el otro lado del océano, y llegaron cuando nadie los esperaba.

Veinticinco años después, la carpa sigue levantándose cada temporada y la experiencia que emocionó a Mar del Plata sigue siendo la misma: artistas de verdad, a pocos metros, sin trucos de pantalla. Consulta la gira y reserva tus entradas y compruébalo en directo, como hicieron ellos.